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lunes, 5 de abril de 2021

Alfonso II el Casto. Rey de Asturias 3ª parte. Un rey constructor

 



Alfonso ordena la construcción de un conjunto arquitectónico cuyo eje central es la catedral del Salvador, de la que la Crónica Silense nos dice que fue encargada al arquitecto Tioda. Unida a ella por el norte estaba la iglesia de Santa María, a cuyos pies disponía de una tribuna y una cámara destinada a panteón real, por lo que se deduce que su función era la de capilla para celebrar las honras fúnebres de los monarcas. Además, el conjunto catedralicio se completaba con la iglesia de San Tirso, cuyo testero de la capilla central ha llegado hasta nuestros días, una zona cementerial y toda una serie de residencias para el alto clero.

El núcleo central de Oviedo se completaba con el palacio regio y una serie de dependencias destinadas a sede del gobierno del Reino. De este conjunto palaciego, sólo se ha conservado la capilla palatina, hoy llamada Cámara Santa. Esta capilla fue mandada construir por orden expresa de Alfonso II para albergar las reliquias que habían llegado a Asturias procedentes de Toledo a raíz de la conquista musulmana, de las que la Crónica Silense asegura que procedían de la misma Jerusalén. La idea de fortalecer el trono con el poder santificante de unas reliquias se debe a la influencia carolingia (Aquisgrán e Ingelheim). Bajo la capilla existía una cripta, dedicada a Santa Leocadia y San Eulogio, mártires cordobeses.



A estos tesoros arquitectónicos, habría que unir la llamada Cruz de los Ángeles. Una magnífica pieza de orfebrería en la que figura el lema del monarca "Hoc signo tuetur pius, hoc signo vincitur inimicus" («Con este signo es protegido el piadoso, con este signo es vencido el enemigo»). La adoración de la cruz y la consagración de la catedral al Cristo Salvador, constituyen toda una declaración de intenciones del monarca ante la polémica religiosa que le tocó vivir.





Política territorial de Alfonso II

Tras una rebelión desencadenada en septiembre del año 801, que le costó su exilio en el monasterio de Ablaña, Alfonso II vuelve a la actividad regia gracias a la intervención de un grupo de fieles reales dirigido por Teuda, un noble visigodo. Estos acontecimientos pueden tener relación con la división de la sociedad astur, entre los partidarios de la ortodoxia goda y los heterodoxos próximos a Toledo.

Su política territorial se centró en la repoblación de los territorios que más adelante darían lugar al condado de Castilla. Repobló el valle de Mena y el valle de Valpuesta. Sin embargo, Alfonso tuvo que dedicarse a contener los ataques de Hicham , que en el año 795 volvió a ocupar la ciudad de Oviedo.

Los musulmanes se dedicaron a lanzar razzias periódicas sobre las tierras recién repobladas, especialmente en Álava, la futura Castilla y Galicia, para garantizar su sometimiento, pero afortunadamente para Alfonso, las revueltas internas que tuvieron lugar en Al-Andalus y la presión franca en los pirineos, que provocaron la pérdida de Gerona (785) y Barcelona (801), obligaron a los dirigentes musulmanes a distribuir sus esfuerzos. Esto permitió a Alfonso reorganizar sus dominios y presentar una resistencia formidable, que cristalizaría en victorias como la del río Lutos, cerca de Grado, en el año 794, lo que le otorgó una gran fama como caudillo militar.

Alfonso II puso a Oviedo en el mapa mundial; fue un magnífico alcalde, además de un gran rey.

Murió el 20 de marzo de 842. Después de 51 años de reinado.


Bibliografía.

Constantino Cabal, Eloy Benito Ruano, pr.:Alfonso II El Casto, fundador de Oviedo. Grupo Editorial Asturiano. 1991.

Félix de Aramburu y Zuloaga, José Posada Herrera, Ramón Menéndez Pidal:  Alfonso II, el Casto Ediciones Páramo, S.A. 1996

Códice testamento Alfonso II el Casto y estudio de la obra. Ediciones Madú

C. Sánchez Albornoz. Orígenes de la Nación Española. El reino de Asturias. 2 vols. Instituto de Estudios Asturianos. 1974. Oviedo

VV.AA. Estudios sobre la monarquía Asturiana. XI Centenario de Alfonso II. (1942). Instituto de Estudios Asturianos: 1974.

 

 


Alfonso II el Casto. Rey de Asturias. 2ª parte. Jaque al Rey.

 

El emir de Córdoba se sube, después de devastar nada menos que el sur de Francia carolingia, ha enviado su ejército a aplastar el diminuto reino de Asturias y se encontró, que fueron sus tropas las derrotadas. No puede soportar esa humillación, tiene que vengar la afrenta, y lo hará apuntando directamente a la cabeza: hay que atrapar al rey de Asturias.

 

Para dar jaque al rey, hay que acorralarte, cortarles las salidas y eso es lo que propuso Hisam: acorralar a Alfonso II.

  

Alfonso II el Casto. Rey de Asturias. 



Más de diez mil jinetes musulmanes se aprestaron a lanzarse contra Oviedo. Era septiembre del 795 y el cielo se oscurecía para los rebeldes asturianos, Alfonso se entero de la ofensiva mora, así que tuvo tiempo para llamar a sus gentes a las armas del reino y de engrosar sus fuerzas con guerreros de cántabros, gallegos y vascones (no olvidemos que Alfonso es hijo de una damas vascona y que había vivido largo tiempo entre ellos).

Tomo una decisión arriesgada, no va a esperar a los moros entre los valles y montañas de Asturias, sino salirles al encuentro, concretamente en las Babías. ¿Porqué? Quizás prefirió dar la batalla lejos del corazón del reino. O tal vez había aprendido en la campaña del 794 que las montañas ya no eran garantías de éxito. El hecho es que Alfonso se planto en una zona relativamente llana entre San Emiliano y Cabrillanes. Ordenó evacuar a los habitantes de las praderas hacía las montañas. Se aseguró vías de escape a sus espaldas –los puertos de la Mesa y la Ventana-. Espero al adversario, parecía todo calculado, pero fue un error.

El general Abdal-Karim, llegó a Astorga, con sus diez mil jinetes, el general moro planificó su estrategia, desde Astorga: primero lanzar un cuerpo de vanguardia para debilitar a los cristianos, después dar el golpe decisivo con otro cuerpo de más numeroso de refresco. Así partieron contra las filas de Alfonso, cuatro mil jinetes musulmanes al mando de Farach inb Kinina, jefe de la división militar de Sidonia. Fueron los primeros en entablar combate. Los cristianos aguantaron la embestida, pero entonces, en el momento crítico, apareció Abd al-Karim con sus refuerzos de seis mil jinetes más, que desequilibraron la balanza.

El 18 de Septiembre de 795, Alfonso sabía que iban a por él, por eso escogió una ruta de salida difícil, a través del puerto de la Ventana, su paisaje de revueltas y gargantas anulan la velocidad de los caballos. Y en efecto los moros iban por él. No tardaron los moros en pisar los talones del rey asturiano en fuga. El moro estaba deseoso de vengar la muerte de su hermano. Llego antes de que Alfonso pudiera reorganizar su fuerza, le dio alcance en el río Quiros. En ese momento jugó al ajedrez: viendo venir el jaque, decidió sacrificar la caballería y envió un grupo de jinetes a detener a los sarracenos. Eran tres mil jinetes cristianos al mando de Gadaxara. ¿Quién era Gadaxara? , no lo sabemos, pero según las crónicas, era un hombre valiente y fiel que formaba parte del círculo cercano al rey, cumpliendo fielmente la misión del rey. ¿ Y cuál era esa misión? Interponerse entre el jaque de Abd al-Karim y Alfonso.



El sacrificio del heroico Gadaxara y sus jinetes había permitido a Alfonso ganar una nueva defensa: El castillo, construido a orillas del Nalón para prevenir cualquier ataque a Oviedo. Seguimos con el ajedrez: Después del caballo, la torre. Ante la torre se repite la escena, los moros llegan al castillo, vencen la resistencia y penetran en él . Pero el rey ya no está, a salido antes que los musulmanes forzaran los muros, Alfonso a dejado atrás la torre y se ha marchado. A la mañana siguiente, miles de jinetes sarracenos cargan contra Oviedo: era el movimiento del último jaque. Los moros llegaron a Oviedo, penetraron en la ciudad, la saquearon a conciencia. Entraron en el palacio, robando los tesoros, sin embargo, no hallaron lo que iban buscando: el rey había vuelto a darles esquinazo. Tres jaques y ningún mate. Los peones, el caballo, la torre… pero el rey se escapaba otra vez. El general moro contrariado, renunció a su presa. 

El retorno del general a Córdoba tenía que haber triunfal, pero no lo fue. Primero, porque había fallado en su objetivo principal, atrapar a Alfonso. Pero además, hubo una circunstancia que hizo aún más pobre el balance. Recordemos que la ofensiva había  sido doble: mientras el general moro marchaba sobre Oviedo, otro grupo de musulmanes se volcaban en Galicia para dividir las tropas cristianas. Esta segunda expedición mora fue un desastre. El rey se había refugiado en las montañas, desde allí vio como los moros volvían a Córdoba. La integridad del reino se había salvado. Incluso había sido posible infligir al enemigo pérdidas cuantiosas y de cierta identidad.

El reino de Asturias, por sí sola no podría triunfar sobre la potencia militar como la del emirato. Alfonso decidió buscar alianzas con Carlomagno. Decidieron unir sus esfuerzos en el próximo ataque del sarraceno.

Hisam no renunció a perseguir a nuestro rey e intentar un nuevo jaque. Pero Hisam no llego a verlo: murió el 27 de abril del 796, con 39 años después de haber reinado seis años. Ante el reino de Asturias se abrían ahora perspectivas insospechadas.

 

Bibliografía:

L. Barrau-Dihigo. Historia de la política del reino asturiano (719 – 910). Biblioteca Histórica Asturiana: 1989. Oviedo.

V. Bermejo Palacios y J.A. Mases. Asturianos universales. Vol. VII: Alfonso II el Casto. Felix de Aramburu y Zuloaga.

C. Cabal. Alfonso II el casto. Grupo Editorial Asturiano: 1991. Oviedo

F.J. Fernández. “El libro de los Testamentos” de la Catedral de Oviedo. Iglesia Nacional Española: 1971. Roma.

C. Sánchez Albornoz. Orígenes de la Nación Española. El reino de Asturias. 2 vols. Instituto de Estudios Asturianos. 1974. Oviedo

VV.AA. Estudios sobre la monarquía Asturiana. XI Centenario de Alfonso II. (1942). Instituto de Estudios Asturianos: 1974.



Alfonso II el Casto. Rey de Asturias 1ª parte

 



Asturias es todo cenizas. La primera ofensiva del emir de Córdoba, Hisam, hijo de Abderraman I ha sembrado de sangre y dolor el reino de Asturias. El rey Bermudo a renunciado a la corona. Y así llega al trono Alfonso, de la estirpe de Pelayo, que reinara más de 50 años como Alfonso II el Casto. Alfonso II abrió sus ojos en una tierra verde, Asturias, en el año 760, hijo de Fruela I y de la dama vascona Dª Munia López de Ayala. Su padre murió asesinado siendo Alfonso un niño.

De su mano comenzó el periodo de 8 siglos de lucha que conocemos como Reconquista.

Reconquista no solo del territorio, sino también del derecho a formar parte de Europa. Si su bisabuelo D. Pelayo, se alzó por vía de las armas contra los musulmanes en Covadonga, su abuelo Alfonso I el Cántabro , convirtió en estéril el Valle del Duero, dificultando así el avance de los sarracenos. Mientras hubo reyes que se doblegaron a pactar tributos a cambio de paz, otros como Alfonso II, iniciaron un combate de 800 años.


El moro va por lana y sale trasquilado

Cuando Alfonso II sube al trono, la situación del reino de Asturias es gravísima. Sus ejércitos han quedado deshechos tras la derrota de Bermudo en Babía. Su economía seriamente tocada, por la devastación de los campos en esa misma campaña, su sociedad aterrorizada y con horizontes cerrados. Supongo que las esperanzas de los asturianos se elevaría ante la llegada del nuevo rey con las cualidades de Alfonso: Joven – poco menos de 30 años – piadoso y del linaje de Pelayo. Si nos metemos en la cabeza del propio Alfonso, las circunstancias distaban de ser halagüeñas. La única ventaja que podía tener Alfonso era esta. Tan seria había sido la derrota del año 791 que los moros no estarían inquietos. Al contrario se sentirían confiados en su superioridad militar y táctica.

Hisam se propone desencadenar una vez más contra el Reino de Asturias: si los francos no han podido pararles, menos aún podrían las débiles huestes de los rebeldes del norte. Abdal-Malik tiene la orden de Hisam, no solo invadir, derrotar y saquear, sino que, además debe llegar a la misma capital del reino, Oviedo y devastarla a conciencia. La expedición fue un paseo triunfal, los moros habían aprendido a evitar los caminos de los valles. Así que el caudillo agareno decidió marchar por la calzada de la Mesa, que le permitía controlar el territorio desde lo alto mientras avanzaba al interior de Asturias. 

Toda la maquinaria que había aplastado Gerona, Narbona y Tolosa cayó ahora sobre Oviedo. La ciudad no pudo resistir, Abdal – Malik destruyó la capital de Alfonso sin piedad, redujo a cenizas las casas, robó todo lo que pudo, apresó a cuantos paisanos dejó con vida. Y cumplida su misión, cargado con un rico botín, volvió por donde había venido. Y mientras el moro destruía Oviedo, ¿Qué hacia Alfonso?. Aguardar el momento oportuno, Alfonso sabía que no podía enfrentarse a campo abierto, no tenía otra opción que salirle al paso en algún punto del camino. Pero atención, eso ya lo había hecho  Bermudo con resultados catastróficos. No era tan sencillo como parecía. Había que escoger muy bien el lugar, después llegar sin ser visto y entonces, solo entonces atacar de tal manera que la capacidad de reacción del enemigo quede reducida al mínimo. 



Hay un punto en la vieja calzada de la Mesa, un pasillo entre los cerros  al lado del río Pigüeña, donde el caminante deja de controlar las alturas. Los diplomas antiguos lo llaman “Lutos” el nombre deriva de la gran cantidad de lodo que hay junto al río. Allí la vía se estrecha y el paisaje se puebla de amenazas entre abismos y ciénagas. Ese fue el lugar que escogió Alfonso. Fue precisamente ahí, el lugar más comprometido, delante y detrás caminos estrechos sin probabilidad de maniobra, aun lado el abismo y la ciénaga, al otro la cima inexpugnable. Una encerrona, el mismo ejercito que había arrasado Oviedo, se encontraba ahora atrapado en una ratonera. No hubo piedad para los que habían devastado el reino. En pocas horas el ejercito triunfal sarraceno quedó destrozado, el propio general moro, se dejo allí la vida.

Llama la atención la maniobra de Alfonso II en el paraje de Lutos, en su exactitud: Atacó en el lugar y en el momento preciso, sacando al máximo provecho de unas fuerzas numéricamente inferiores y anulando la superioridad de su enemigo, fue una jugada maestra, pero advirtiendo sobre la debilidad del reino de Asturias. A finales del siglo VIII, un ejército rival podía pasearse libremente por el territorio cristiano sin hallar resistencia. Pero, ¿por qué?.  Por dos razones: el reino carecía de un ejército que pudiera ser capaz de enfrentarse al enemigo en campo abierto; la otra porque tampoco disponía de una red de fortificaciones sobre sustentar la defensa fronteriza. Alfonso II que era muy inteligente tomo nota.



Alfonso II había ganado el primer asalto, pero Hisam no había dicho la última palabra, estaba dispuesto a lanzar nada menos que un jaque al rey y este rey era Alfonso.

Bibliografía.

Constantino Cabal, Eloy Benito Ruano, pr.:Alfonso II El Casto, fundador de Oviedo. Grupo Editorial Asturiano. 1991.

Félix de Aramburu y Zuloaga, José Posada Herrera, Ramón Menéndez Pidal:  Alfonso II, el Casto Ediciones Páramo, S.A. 1996

Códice testamento Alfonso II el Casto y estudio de la obra. Ediciones Madú 



viernes, 7 de septiembre de 2018

Bermudo I de Asturias. (c. 750-Oviedo, 797)




Bermudo I de Asturias, apodado el Diácono. Fue rey de Asturias desde el año 789 al año 791. Hijo de Fruela de Cantabria, hermano de Alfonso I el católico. Bermudo era hermano del rey Aurelio y nieto del duque Pedro de Cantabria.

Durante su reinado intentó mantener la calma precedente del mandato del rey Mauregato, sin embargo sufrió ataques por parte del Emirato en Alava y Galicia. Todas estas incursiones acabaron con victoria árabe. Destaca la batalla del río Burbio, en la actual Villafranca del Bierzo, en la comarca del El Bierzo, en León en el año 791, donde las tropas musulmanas del comandante Hisham I vencieron a las de Bermudo.


El rey astur abdicó y continuó con su anterior vida monacal y le sucedió Alfonso II el Casto. Bermudo vivió hasta el año 797 y sería recordado como un rey sabio e ilustrado.

Contrajo matrimonio con Uzenda Numilona, que según las crónicas de Rodrigo de Toledo (S. XIII) era bisnieta del rey godo Witiza. De este enlace nacieron cuatro hijos. El más destacado de los cuatro fue Ramiro, que heredaría el trono de Asturias de manos de Alfonso II el Casto.



Para saber más:
          GIL FERNÁNDEZ, J., MORALEJO, J. L., RUIZ DE LA PEÑA, J. I. Crónicas Asturianas. (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985).
          MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).
          MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. La España Cristiana de los siglos VIII al XI. El reino Astur-leonés (722-1037). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).


Mauregato. Rey de Asturias (783-788)




Séptimo rey de Asturias desde el año 783 hasta la fecha de su muerte. Nacido en lugar y fechas desconocidos y muerto en Pravia en el año 788. Llegó al poder tras destituir a su sobrino. Alfonso II el Casto.

Hijo natural del monarca Alfonso I el Católico, se desconoce la identidad de su madre. Se puede intuir que no debió estar muy alejado del trono, como lo prueba el hecho de que se proclamara rey de Asturias, poco después de la muerte de este último.


La llegada de Mauregato al poder está descrita en la crónica de Alfonso III en la versión dedicada a Sebastián (Ad Sebastinum) del siguiente modo: "Muerto Silo, la reina Adosinda y todos los oficiales de palacio pusieron en el trono paterno a Alfonso, hijo de su hermano Fruela. Pero víctima del fraude de su tío Mauregato, hijo del Alfonso el Mayor, aunque nacido de una sierva, expulsado del reino se quedó entre los parientes de su madre en Alava". De este modo parece evidente que Mauregato aprovechándose de la juventud de su sobrino y sobre todo gracias a que debió contar con importantes apoyos entre la nobleza, logró hacerse con el poder de forma casi fulminante, aunque no parece que su advenimiento fuera extremadamente violento, ya que el futuro Alfonso II el Casto logró huir y Adosinda aunque perdió gran parte de su influencia, no fue obligada a ingresar en el convento de San Juan de Pravia hasta el 26 de noviembre de 785, aproximadamente dos años después de la llegada de Mauregato al trono. En este sentido hay que señalar que en opinión de algunos estudiosos es evidente que Mauregato contó con el apoyo de la corte del primer emir Omeya, Abderraman I, lo cual explicaría que su candidatura prevaleciera frente a la de Alfonso, a pesar de que en un principio partía con mucha desventaja por su condición de hijo bastardo.





Prueba de los numerosos apoyos con los que contó Mauregato es que durante los 5 años y los 6 meses que permaneció en el poder, no tuvo que hacer frente a ningún tipo de sublevación interna, de este modo en opinión de prestigiosos eruditos como Menéndez Pidal hay que destacar que durante estos años se produjo un gran avance en la organización y administración del reino astur, sobre todo en materia religiosa, puesto que durante este reinado la monarquía Asturiana reafirmó su independencia religiosa con respecto a Toledo, ya que el monarca muy influenciado por algunos de sus obispos y sobre todo por el personaje denominado Beato de Lievana, se negó aceptar la llamada herejía adopcionista, por lo que se separó de la doctrina emitida por el arzobispo de la mencionada ciudad de Toledo, el cual decidió aceptar ésta herejía con el fin de evitar que la corte de Carlomagno, lograra sus propósitos de obtener su independencia respecto a la sede toledana. Además durante el reinado de Mauregato el culto al Apósto Santiago se desarrolló profundamente, gracias sin duda a la composición del Himno Jacobeo, el cual está dedicado al monarca y que se convirtió años después, en un importante elemento dinamizador del ideal de Reconquista.

Por lo que respecta a los musulmanes, Mauregato mantuvo la política de paz que habían desarrollado sus antecesores. De este modo tras realizar nuevas negociaciones, logró comprar la paz a costa de entregar importantes tributos al emir de Córdoba, tanto en moneda como en especie, entre los que se encontraba el famoso Tributo de las cien doncellas. Aunque muchos historiadores opinan que éste fue una simple leyenda creada con posterioridad, no es extraño que desde la corte de Abderraman I se reclamaran como tributo mujeres de piel y ojos claros, puesto que este tipo de mujeres eran muy valoradas como esclavas en todo al-Andalus.



Mauregato murió en su corte de Pravia por causas naturales, como apuntan todas las crónicas asturianas, en el año 788 y fue sepultado en la iglesia de San Juan. Ignoramos si éste estuvo casado aunque algunas fuentes afirman que su esposa se llamó Creusa, con la que al parecer tuvo un hijo llamado Hermeregildo, aunque no ha quedado constancia de estos datos en las mencionadas crónicas. De este modo en el hipotético caso de que Mauregato hubiera tenido descendientes, éstos no fueron considerados como candidatos al trono por los nobles, los cuales eligieron a Bermudo I él Diacono sobrino de Alfonso I, como su sucesor.



Para saber más:
          GIL FERNÁNDEZ, J., MORALEJO, J. L., RUIZ DE LA PEÑA, J. I. Crónicas Asturianas. (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985).
          JOVER ZAMORA, J. M. Historia de España. España musulmana (711-1031). (Madrid, Espasa-Calpe, 1994).
          MARTÍN, J. L. Manual de Historia de España. La España medieval. (Madrid, Historia 16, 1993).
          MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).
          MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. La España Cristiana de los siglos VIII al XI. El reino Astur-leonés (722-1037). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).


jueves, 6 de julio de 2017

La Espada de Fruela Pérez




Alfonso I el católico llega al trono y amplía el reino. Cabalga hacia el sur y gana nuevos territorios y nuevos pobladores. Asturias está en guerra. Y las crónicas nos dicen que, junto al rey cabalga un guerrero: su hermano Fruela.

 Ya sabemos cómo se las gastaban los moros: en el sur de Francia no dejaban cristiano vivo. Los sarracenos, allá donde llegan, incendian, matan, saquean, y a los que capturan vivos los venden como esclavos. Después se marchan dejando desolación a sus espaldas. O la sumisión, o la muerte (y a veces, muerte después de sumisión). Aquí, en el viejo reino de Asturias y sus aledaños, ducados y condados, la estrategia musulmana no será distinta. Aunque los moros no han ocupado territorios, no por ello han dejado de prodigar sus incursiones de rapiña. Sabemos que habrá expediciones moras en tierras gallegas, y que su objetivo será únicamente el saqueo y la captura de esclavos, es decir, la obtención de botín.



Frente a eso, los cristianos organizan la respuesta. Consta que a mediados del siglo VIII se reconstruyeron las viejas defensas creadas un siglo antes; desde allí los asturianos detendrán las campañas de saqueo de los musulmanes. Y no sólo las detendrán, sino que responderán con expediciones equivalentes. A eso se refieren las crónicas Rotense y Sebastiense de la crónica de Alfonso III, cuando aquí y allá, de forma fragmentaria y sin mayores detalles, hablan de “batallas”. En los años 740 y 741, tomaron varias ciudades como: Lugo, Tuy, Oporto, Braga, Viseu, Chaves, Ledesma, Amaya, Clunia, entre otros muchos lugares.

Las campañas de Alfonso I en tierras del Duero son implacables; llega a una población, mata a todos los moros que encuentra y se lleva a los lugareños (cristianos). No se los lleva como esclavos, sino que los traslada al norte: Asturias, Cantabria, Galicia, Bardulia, donde nacen numerosas aldeas constituidas con aquella gente evacuada de sus pueblos. Así se va configurando en el norte un reino con abundante población, y al sur, en el valle del Duero, un autentico desierto.


¿En qué medida es aquello un autentico desierto?. “el desierto del Duero”, que es uno de los grandes debates historiográficos sobre la reconquista. Pero quedémonos con la estampa de las huestes de Alfonso I, literalmente volcadas sobre esas tierras llanas. A la cabeza de esas huestes figura nuestro caballero, Fruela, el hermano del rey Alfonso I; llamado Fruela Pérez, porque era hijo del duque Pedro de Cantabria y duque de Bardulia (Castilla).

La espada de Fruela Perez es la primera de un guerrero que inscribe su filo en la historia de la reconquista. Se ha hablado de caudillos, como Pelayo, o de reyes como Alfonso, o de grandes aristócratas, como el duque Pedro de Cantabria. Fruela es otra cosa: segundón de familia noble, no le falta fortuna ni linaje, pero su oficio va a ser exclusivamente la guerra. Las crónicas no nos hablan de él directamente, como protagonista, sino sólo cómo compañero de armas de su hermano. Pero como el rey no estaría todo el tiempo en el campo de batalla, el peso de las operaciones le correspondía a Fruela Pérez.

Fue por tanto Fruela un capitán de los ejércitos de su hermano Alfonso I, quien se encargo no solo de conquistar determinadas ciudades bajo poder musulmán, sino de repoblar con gentes liberadas de la zona del Duero, las tierras del norte, principalmente la Galicia liberada por cántabros y astures unos años atrás. Se dio en entonces una paradoja en toda la zona al norte del río Duero... tierras y ciudades liberadas del yugo musulmán, y cuyos habitantes habían sido conducidos hacia el norte. Quedándose ciudades enteras despobladas. Ni musulmanes ni cristianos tenían logística suficiente para poder ocupar toda esa zona. Las fortificaciones de defensa, simples empalizadas con algún muro de piedra, muy lejos aún de ser semejantes a castillos. Son situadas al norte, cerca de las fronteras del reino natural de Asturias y Cantabria, extendiéndose hasta la Bureba de Burgos y la Rioja, pero siempre en el límite del propio terreno, nunca más allá.



Fruela era el hermano menor de Alfonso I, rey de Asturias. Por tanto podemos suponer que alrededor del 740 cuando comienzan las campañas, Fruela es ya un guerrero cuarentón, o cercano a la cuarentena de edad. Un hombre de confianza no solo por el parentesco, sino por su enérgica contundencia al mando de los guerreros y sus éxitos militares.

Gracias a las exitosas campañas de saqueo de las tierras fronterizas en los campos góticos y sur de Bardulia, Fruela hizo dinero y riquezas, él y sus allegados, quienes luego serian guerreros de confianza y vasallos. Fruela construye su propio lugar en el universo de la corona asturiana, así el hermano segundón se convierte en un poder fáctico, su influencia durará decenios.

Fruela tuvo una hija, Numabela, que se casó con el duque Lupu II de Gascuña. Y dos de sus hijos llegarían al trono de Asturias, Aurelio y Bermudo I. El rey Ramiro I fue nieto de Fruela Pérez, Ordoño I, bisnieto. Y Alfonso III, el de las crónicas, tataranieto. De esta manera nuestro valiente guerrero Fruela , sin ser rey, fue tronco de reyes. Fruela era de ascendencia visigoda, como su hermano Alfonso I, de quien se decía era descendiente de Recaredo el Godo. Siendo por lógica Fruela descendiente a su vez del rey godo Recaredo.

Poco más se sabe de este noble guerrero, mano derecha de Alfonso I de Asturias. Espada de la reconquista y repoblador de Galicia. Se supone, aun cuando puede que sea parte de la leyenda, que uno de los míticos condes de Castilla Rodrigo Frolaz, era hijo de Fruela. Pero quizás esto sea parte más de la leyenda que de la realidad.



PD. Sólo el escritor árabe Aben Makari nos cuenta sobre Fruela Pérez con estas palabras: «en el mismo año algazuo Bedr contra el Tseguer, (la frontera del Ebro) avanzando hacia Alava y habiéndola sometido a capitación, mandó explorar a los hombres de estas comarcas, e informarse de sus intenciones y constituyó jefe a quienes se franquearon con él, sobre la malicia de los propósitos y agitación en el Tseguer,»


domingo, 4 de junio de 2017

Alfonso I. Rey de Asturias



Después del heroico Pelayo y su hijo Favila, empuña el cetro del reino asturiano Alfonso I llamado también el católico. Se le puede llamar con pleno derecho como Rey, ya que su reinado fue crucial para construir y definir la identidad del Reino de Asturias.

Se casó con Ermesinda, hija de Pelayo, con lo que a la muerte de Favila, se convirtió en único heredero del trono, lo que constata la tradición matrilineal propia de la sociedad gentilicia astur. Nació en el año 693, Alfonso I era hijo del duque Pedro de Cantabria, se cree que en Tricio, La Rioja, ya que su padre tenía su sede allí.


Apenas se dispone de datos sobre sus primeros años. Por lo que dejan entrever las crónicas, su educación era importante por ser el hijo mayor del Duque Pedro. Alfonso antes de contraer matrimonio con Emersinda, hija de D. Pelayo, residía en la corte del monarca astur, con el fin de completar su educación bajo la tutela del Rey. De este modo podemos intuir que el Duque Pedro, como prueba de su lealtad al nuevo monarca, decide enviar a la corte a su hijo, como era costumbre entre los nobles visigodos, para hacer patente su reconocimiento a Pelayo, el cual en agradecimiento por la atención sobre todo por su colaboración decidió que Alfonso contrajera matrimonio con su única hija. Así lo afirma en la Crónica Albeldense…”que tomó por esposa a Ermesinda, hija de Pelayo, por iniciativa del propio Pelayo”.

Es con D. Pelayo con quien se inicia la reconquista de la Península Ibérica tras la batalla de Covadonga, pero sin duda se produce de una manera clara en el reinado de Alfonso I.


Los árabes habían dejado los peores territorios a los bereberes, los más fríos y además fronterizos con los reinos cristianos, eso produjo enfrentamientos entre los bereberes y los árabes. A partir del año 740 los bereberes abandonan esas zonas para asentarse en el sur de la Península, dejando de esta manera el territorio vacío. Esto fue aprovechado por Alfonso I quien empezó a ocupar el territorio vacío, primeramente hacía el oeste, adhiriendo para el reino el territorio de Galicia hasta la costa. Las epidemias de viruela y la fase hambruna durante el 750 favorecieron las incursiones del rey astur en territorios del Valle del Duero. Varias crónicas hablan sobre ello. La Crónica de Alfonso III nos lo cuenta: “acompañado de su hermano Fruela Pérez, llevó a cabo muchos combates contra los sarracenos y capturó muchas ciudades que éstos habían ocupado”. No perdamos de vista a este Fruela Pérez, ya que sería padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo de reyes.


De su matrimonio con Ermesinda, Alfonso tuvo tres hijos, Adosinda, Vimarano y Fruela, que fue quien le sucedió después de muerto Alfonso en el año 757. Tras haber permanecido 18 años en el poder. Sus restos mortales fueron depositados en el convento de Santa María junto a su esposa.

Las crónicas del siglo IX afirma que tras el fallecimiento del monarca , “en el silencio de la noche cerrada, y los guardias velaban con toda diligencia su cuerpo, súbitamente se oyó en el aire por todos los que velaban la voz de los ángeles que cantaban: he aquí como desaparece el justo, y nadie repara en ello; y los varones justos desaparecen, y nadie se da cuenta en su corazón. De la presencia de la iniquidad ha sido apartado el justo; en la paz estará su sepultura”. (Crónica de Alfonso III a Sebastián, capitulo 15)


Para saber más.
J. Gil Fernandez, J.L. Moralejo, J.I. Ruiz de la peña: Crónicas Asturianas. Oviedo: Universidad 1985.

P. Guichard: Los nuevos musulmanes.
Antonio Domínguez Ortiz: Historia de España. Barcelona, 1989.

J.M. Jover Zamora:Historia de España. España musulmana. Madrid: Espasa-Calpe, 1994.

J.L. Martín: Manual de historia de España. La España medieval. Madrid: 1993.

R. Menéndez Pidal: Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038) Madrid: Espasa-Calpe: 1976.

R. Menéndez Pidal: La España cristiana de los siglos VIIIal XI. El reino Astur-leonés (722-1037). Madrid: Espasa-Calpe: 1976.






jueves, 8 de septiembre de 2016

La Reconquista. D. Pelayo (III): La encainada



Aclaremos una cosa: es absurdo pretender que los astures se hubieran mantenido al margen de los movimientos que vivió Hispania desde la época romana. 
Los astures como los cántabros eran un pueblo de origen céltico, indoeuropeo, en todo caso mezclado con los autóctonos, cuya identidad no conocemos bien.


Sabemos que los astures como los cántabros y vascones no fueron particularmente proclives a dejar su independencia ni libertad, pero sabemos también que conocieron cierto nivel de romanización, primario desde luego, porque el territorio era más áspero, pero romanización al fin y al cabo. Del mismo modo, sabemos (porque hay vestigios arqueológicos suficientes) que no dejo de haber movimientos de población desde el norte de la Cordillera Cantábrica hacia el sur, desde fecha muy antigua.

Cuando el caos se adueña de Roma, vuelven afianzarse entre los astures y cántabros una organización Tipo Tribal ya que nunca había llegado a desaparecer. En Asturias por lo que sabemos, habrá áreas controladas por la aristocracia hispanogoda, sobre todo en las llanuras, al lado de extensas zonas donde el dominio corresponde a los clanes tribales de las montañas.

¿Porque se levantaron aquellos astures, junto a Pelayo, contra el poder moro? Todo apunta a que la causa de la sublevación fue la exigencia mora de que los asturianos tributaran con impuestos y rehenes. Si además el recaudador era visiblemente extranjero, las razones de rebeldía aumentaba.

Apunte orográfico

Naranjo de Bulnes (Picu Urriellu)

La historia de D. Pelayo y la monarquía por el fundada, sería difícil de comprender, si no esta precedida de la descripción detallada del territorio sobre el que se asentó el solar del reino.

Este territorio es una fortaleza natural, pero vamos a permitir que sea el escritor montañés  Amós de Escalante, quien nos haga una visión panorámica de los Picos de Europa.

“Desde los mas lejanos valles, se descubre el coloso, magnifico como siempre, ya fulgurando a mediodía con el vivo centelleo de sus nieves eternas, ya recortando sobre rojos celajes del ocaso, el contorno fantástico de sus excelsas cumbres, visión augusta que se deja admirar, pero no se deja definir” Amós Escalante dice algo para comprender la gran importancia de estas singulares montañas. Asturianos y montañeses, habitantes de los valles tendidos en torno del impenetrable gigante. Aquellas montañas se encontraban habitadas desde antiguo y sin embargo “inexplorados estaban los torcidos desfiladeros y levantados los picos, desmesuradas labores de aquella gigantesca corona sobre el cual el cielo deja caer un velo de nubes que la rebozan y esconden, celoso de conservar su augusto prestigio al Titan que la ciñe”.

La encainada

Amós Escalante nos acaba de describir “La encainada” la niebla de los Picos de Europa, que se abalanza sobre las montañas y las hace desaparecer de la vista humana como si jamás hubiera existido. “La encainada” es tal vez el peligro mas serio que acecha en los Picos, y como muchas veces baja de repente, ni los mas expertos ni conocedores del terreno se atreven a continuar si los ha cogido por el camino, la única solución es esperar a que levante.

Los fenómenos atmosféricos son fundamentales en los Picos de Europa y quienes no lo tengan en cuenta o los ignoren, corren el peligro de padecer una catástrofe, como la que diezmó a los moros que atacaron las huestes de D. Pelayo.


Los habitantes de aquella época eran hombres duros y aguerridos, Alejandro Pidal llamaba a los habitantes de Caín, la aldea mas metida hacia el corazón de los Picos, los “hombres-gamuza” hombres que se enfrentan a la muerte con estoicismo.

Este es el mismo paisaje que vio D. Pelayo cuando se adentro por primera vez en los Picos de Europa. Los habitantes escucharon a D. Pelayo, ya que les ponía en guardia de un ejercito de gente extranjera.

No solo los astures reaccionaron así: en Cantabria, el Duque Pedro, un noble hispanogodo, apoya a D. Pelayo y secunda la sublevación. Por eso D. Pelayo se hizo fuerte en Covadonga, en el área oriental de los Picos de Europa, junto a las montañas cántabras, y no en otra zona de la cordillera.


Asturias, 722 A.D. Un puñado de nuestros antepasados se encuentra dueño de un territorio al que dar forma. Unos son terratenientes de origen godo, otros son montañeses que comparecen con sus clanes y sus familias. Desde el principio, o quizás con el tiempo, todos se reconocieron en la Cruz y en la oposición al poder islámico. Todos se unieron para luchar por su libertad y recuperar la España robada por el Islam. Así empezó la mas portentosa aventura de la Reconquista.



Para saber mas:

- Costas y montañas. Amós Escalante y Prieto. Publicado en 1871. Editorial Madrid: Tello
Origenes de la Nación Española. El Reino Astur. Claudio Sánchez Albornoz. Editorial: Sarpe. Madrid, (1985)
- D. Pelayo. El Rey de las montañas. José Ignacio Gracia Noriega. Editorial: la esfera de los libros. 2007.
-La Leyenda de D. Pelayo. Carlos Villanueva Polo. De la edición: El autor. 2015.
-Los astures y Roma. José María Blázquez. Real Academia de la Historia. Biblioteca Miguel de Cervantes, 2005



martes, 17 de mayo de 2016

Don Pelayo (II): Covadonga

La Reconquista. D. Pelayo 2ª parte. Covadonga


              



¿Qué paso en Covadonga? Vamos a reconstruirlo sin temor a faltar a la verdad. Los rebeldes cristianos, efectivamente eran pocos y mal armados, pero fuertes en un terreno que conocían, cuando fueron atacados por los musulmanes. Estos, tal vez, habrían podido ganar si se hubieran limitado a un asedio para matar de hambre a los rebeldes. Pero, llevados por el desprecio que sentían por aquellos “asnos salvajes” cometieron el error de atacar. Un error, si, porque mover ejércitos por un pasaje desconocido y montañoso sin conocerlo, es arriesgarse al colapso. 


           

La leyenda de que las flechas moras, al llegar donde estaban los cristianos daban la vuelta y volvían sobre sus atacantes, admite una explicación lógica: cuando se lanza una flecha hacía arriba, es difícil mantener la puntería, eso sin contar que las flechas rebotando en la piedra, volvieran a caer por pura lógica de la ley de gravedad. Y todo indica que un ejército así, desconcertado, atacado desde lo alto por piedras y flechas, incapaz de responder y de moverse, muy bien pudo ser desarbolado por la carga de unos pocos hombres decididos y que actuaran sobre un punto, como dice la tradición que hizo Pelayo.

                            

La gran derrota de los musulmanes, llego sin embargo mas tarde. Con las filas desordenadas. Se retiraron como pudieron por los macizos de los Picos de Europa, que desconocían, exponiéndose a todo tipo de emboscadas. Atrapados en una montaña sin salida, anegados por los ríos, acosados en todos los flancos por los rebeldes montañeses, el orgulloso cuerpo de expedicionarios de Al Qama termino aniquilado por los “asnos salvajes”, por los rebeldes cristianos.

                       

Ya fuera una batalla campal como dicen las crónicas cristianas o una violenta escaramuza como sostienen las crónicas moras, lo cierto es que Covadonga señalo el punto de partida de la Reconquista. Allí los moros perdieron por primera vez, allí los rebeldes cristianos ganaron por primera vez.

Después de Covadonga, poco a poco iba a ir formándose una España que ya no era la Hispania romana ni la España visigoda, sino una hija de ambas que para sobrevivir, iba a tener enfrentarse a un enemigo superior.

             


Los cristianos ganaron. Los moros pusieron pies en polvorosa. El triunfo de Pelayo hizo que otros muchos de la cornisa Cantábrica, se sumaran a la rebelión. Para los musulmanes se abría en el norte un paisaje poco alentador. Así pudo consolidarse la precaria corona de Pelayo en un tiempo que el trono de Pelayo solo era una silla de montar.

                     

¿Qué había en aquella Asturias del año 722? Cuestión de cuestiones. Sabemos que la Reconquista empieza en Asturias, fue allí donde se forma un primer núcleo político de resistencia al islam; pero ¿Que había en exactamente en Asturias en aquel momento? ¿Quiénes eran aquellos rebeldes cristianos? ¿Por qué exactamente en Asturias y no en otro lugar? ¿En nombre de que se levantaron contra los moros? ¿Qué hacían mientras tanto, los vecinos cántabros y gallegos?  Todas estas preguntas tienen interés porque nos sitúan en el meollo mismo de lo que podríamos llamar el “problema histórico”.

La versión, digamos “tradicionalista” es una distorsión del pasado con conceptos presentes. En fechas más recientes, hay otras versiones cada vez más descabelladas. Por ejemplo, hay quien ha extendido la especie de que Asturias era una suerte de vestigio prerrománico, independiente de la España goda. En la misma onda fantástica, se ha ventilado la idea de que Pelayo no era un guerrero hispanogodo, sino un caudillo astur e incluso para forzar la máquina de la imaginación un musulmán de Cordoba y hasta incluso un caballero céltico de Britonia.

¿Fantasía, mala fe, ignorancia manipulación política? Tal vez de todo un poco. La verdad es que de aquella Asturias y de Pelayo sabemos lo que dicen las crónicas. Ahora bien eso no nos autoriza a inventar hoy explicaciones más fantásticas todavía. Pelayo fue el fundador de la Reconquista.

Todos estos aspectos son fundamentales para comprender y situar en el contexto histórico la leyenda del rey Astur y el comienzo de la Reconquista; los trataré en profundidad en mis siguientes post.

Posdata: No hace mucho he visto algunos blogs que no indagan la verdad. Pelayo nunca pudo pelear con Abderramán, ya que cuando este llego a España en el año 756, Pelayo ya había fallecido en el año 737.