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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Fruela I Rey de Asturias (757-768)

Fruela I Rey de Asturias (757-768)

Fruela fue hijo de Alfonso I y Emersinda, hija de D. Pelayo, sucedió a su padre en el trono.

Los principales sucesos de su reinado se hayan documentados en La crónica , también Alfonso III y en la crónica Albendense. De carácter combativo e irritable, nunca se llevo bien con la nobleza asturiana y por ello tuvo que hacer frente a varias rebeliones. También tuvo que hacer frente a los deseos secesionistas de gallegos y vascones, a los que aplacó por la fuerza.

Fruela I, fortaleció el poder central monárquico contra la tendencias autónomicas de los vascones, contrayendo matrimonio con la noble alavesa Dña. Munia quedando emparentado con la nobleza vascona.

En el año 765 Abderraman I envió la primera aceifa (Del árabe al-ṣayfa: "Expedición bélica sarracena que se hace en verano"  Razia.) comandada por Omar, se cree que era hijo de Abderraman, contra Asturias siendo derrotado en la Batalla de Pontumia, (Pontedeume-La  Coruña) según la Crónica de Alfonso III. Aunque Sanchez Albornoz sitúa la Batalla en Pontumia, junto al río Umia.



Según el cronista árabe Ahmad Al-Razi, Fruela I lucho también contra la segunda aceifa, en el valle del Duero. Según los cronistas árabes Ibn Al-Atir y Al-Maqqari, el Rey Cristiano conquistó, Lugo, Oporto, Salamanca, Ávila y Segovia, prosiguiendo la tarea de su padre Alfonso I en la repoblación tanto de Galicia hasta el río Miño, a la Comarca del Bierzo y los valles altos de León.

Fruela I impuso el celibato a los eclesiásticos lo que atrajo el odio del clero. Fue el fundador de la ciudad de Oviedo, se cree que como homenaje a su esposa Munia. (futura capital del reino), su hijo Alfonso II el Casto, seria años más tarde Rey de Asturias, también tuvieron una hija, Dña. Jimena, madre del legendario Bernardo del Carpio.

En torno al año 767/768 se entero de una conspiración , se cree que encabezada por su hermano Vimarano, abortándola matando a su hermano, eso colmó la paciencia de los nobles que se rebelaron y lo ejecutaron en el 768.
Alfonso II de Asturias

La reina Munia para proteger a sus hijos mando al futuro ReyAlfonso II a la tierra de los vascones donde tenía familia.

A Fruela I le sucedió su primo Aurelio

jueves, 6 de julio de 2017

La Espada de Fruela Pérez




Alfonso I el católico llega al trono y amplía el reino. Cabalga hacia el sur y gana nuevos territorios y nuevos pobladores. Asturias está en guerra. Y las crónicas nos dicen que, junto al rey cabalga un guerrero: su hermano Fruela.

 Ya sabemos cómo se las gastaban los moros: en el sur de Francia no dejaban cristiano vivo. Los sarracenos, allá donde llegan, incendian, matan, saquean, y a los que capturan vivos los venden como esclavos. Después se marchan dejando desolación a sus espaldas. O la sumisión, o la muerte (y a veces, muerte después de sumisión). Aquí, en el viejo reino de Asturias y sus aledaños, ducados y condados, la estrategia musulmana no será distinta. Aunque los moros no han ocupado territorios, no por ello han dejado de prodigar sus incursiones de rapiña. Sabemos que habrá expediciones moras en tierras gallegas, y que su objetivo será únicamente el saqueo y la captura de esclavos, es decir, la obtención de botín.



Frente a eso, los cristianos organizan la respuesta. Consta que a mediados del siglo VIII se reconstruyeron las viejas defensas creadas un siglo antes; desde allí los asturianos detendrán las campañas de saqueo de los musulmanes. Y no sólo las detendrán, sino que responderán con expediciones equivalentes. A eso se refieren las crónicas Rotense y Sebastiense de la crónica de Alfonso III, cuando aquí y allá, de forma fragmentaria y sin mayores detalles, hablan de “batallas”. En los años 740 y 741, tomaron varias ciudades como: Lugo, Tuy, Oporto, Braga, Viseu, Chaves, Ledesma, Amaya, Clunia, entre otros muchos lugares.

Las campañas de Alfonso I en tierras del Duero son implacables; llega a una población, mata a todos los moros que encuentra y se lleva a los lugareños (cristianos). No se los lleva como esclavos, sino que los traslada al norte: Asturias, Cantabria, Galicia, Bardulia, donde nacen numerosas aldeas constituidas con aquella gente evacuada de sus pueblos. Así se va configurando en el norte un reino con abundante población, y al sur, en el valle del Duero, un autentico desierto.


¿En qué medida es aquello un autentico desierto?. “el desierto del Duero”, que es uno de los grandes debates historiográficos sobre la reconquista. Pero quedémonos con la estampa de las huestes de Alfonso I, literalmente volcadas sobre esas tierras llanas. A la cabeza de esas huestes figura nuestro caballero, Fruela, el hermano del rey Alfonso I; llamado Fruela Pérez, porque era hijo del duque Pedro de Cantabria y duque de Bardulia (Castilla).

La espada de Fruela Perez es la primera de un guerrero que inscribe su filo en la historia de la reconquista. Se ha hablado de caudillos, como Pelayo, o de reyes como Alfonso, o de grandes aristócratas, como el duque Pedro de Cantabria. Fruela es otra cosa: segundón de familia noble, no le falta fortuna ni linaje, pero su oficio va a ser exclusivamente la guerra. Las crónicas no nos hablan de él directamente, como protagonista, sino sólo cómo compañero de armas de su hermano. Pero como el rey no estaría todo el tiempo en el campo de batalla, el peso de las operaciones le correspondía a Fruela Pérez.

Fue por tanto Fruela un capitán de los ejércitos de su hermano Alfonso I, quien se encargo no solo de conquistar determinadas ciudades bajo poder musulmán, sino de repoblar con gentes liberadas de la zona del Duero, las tierras del norte, principalmente la Galicia liberada por cántabros y astures unos años atrás. Se dio en entonces una paradoja en toda la zona al norte del río Duero... tierras y ciudades liberadas del yugo musulmán, y cuyos habitantes habían sido conducidos hacia el norte. Quedándose ciudades enteras despobladas. Ni musulmanes ni cristianos tenían logística suficiente para poder ocupar toda esa zona. Las fortificaciones de defensa, simples empalizadas con algún muro de piedra, muy lejos aún de ser semejantes a castillos. Son situadas al norte, cerca de las fronteras del reino natural de Asturias y Cantabria, extendiéndose hasta la Bureba de Burgos y la Rioja, pero siempre en el límite del propio terreno, nunca más allá.



Fruela era el hermano menor de Alfonso I, rey de Asturias. Por tanto podemos suponer que alrededor del 740 cuando comienzan las campañas, Fruela es ya un guerrero cuarentón, o cercano a la cuarentena de edad. Un hombre de confianza no solo por el parentesco, sino por su enérgica contundencia al mando de los guerreros y sus éxitos militares.

Gracias a las exitosas campañas de saqueo de las tierras fronterizas en los campos góticos y sur de Bardulia, Fruela hizo dinero y riquezas, él y sus allegados, quienes luego serian guerreros de confianza y vasallos. Fruela construye su propio lugar en el universo de la corona asturiana, así el hermano segundón se convierte en un poder fáctico, su influencia durará decenios.

Fruela tuvo una hija, Numabela, que se casó con el duque Lupu II de Gascuña. Y dos de sus hijos llegarían al trono de Asturias, Aurelio y Bermudo I. El rey Ramiro I fue nieto de Fruela Pérez, Ordoño I, bisnieto. Y Alfonso III, el de las crónicas, tataranieto. De esta manera nuestro valiente guerrero Fruela , sin ser rey, fue tronco de reyes. Fruela era de ascendencia visigoda, como su hermano Alfonso I, de quien se decía era descendiente de Recaredo el Godo. Siendo por lógica Fruela descendiente a su vez del rey godo Recaredo.

Poco más se sabe de este noble guerrero, mano derecha de Alfonso I de Asturias. Espada de la reconquista y repoblador de Galicia. Se supone, aun cuando puede que sea parte de la leyenda, que uno de los míticos condes de Castilla Rodrigo Frolaz, era hijo de Fruela. Pero quizás esto sea parte más de la leyenda que de la realidad.



PD. Sólo el escritor árabe Aben Makari nos cuenta sobre Fruela Pérez con estas palabras: «en el mismo año algazuo Bedr contra el Tseguer, (la frontera del Ebro) avanzando hacia Alava y habiéndola sometido a capitación, mandó explorar a los hombres de estas comarcas, e informarse de sus intenciones y constituyó jefe a quienes se franquearon con él, sobre la malicia de los propósitos y agitación en el Tseguer,»


domingo, 4 de junio de 2017

Alfonso I. Rey de Asturias



Después del heroico Pelayo y su hijo Favila, empuña el cetro del reino asturiano Alfonso I llamado también el católico. Se le puede llamar con pleno derecho como Rey, ya que su reinado fue crucial para construir y definir la identidad del Reino de Asturias.

Se casó con Ermesinda, hija de Pelayo, con lo que a la muerte de Favila, se convirtió en único heredero del trono, lo que constata la tradición matrilineal propia de la sociedad gentilicia astur. Nació en el año 693, Alfonso I era hijo del duque Pedro de Cantabria, se cree que en Tricio, La Rioja, ya que su padre tenía su sede allí.


Apenas se dispone de datos sobre sus primeros años. Por lo que dejan entrever las crónicas, su educación era importante por ser el hijo mayor del Duque Pedro. Alfonso antes de contraer matrimonio con Emersinda, hija de D. Pelayo, residía en la corte del monarca astur, con el fin de completar su educación bajo la tutela del Rey. De este modo podemos intuir que el Duque Pedro, como prueba de su lealtad al nuevo monarca, decide enviar a la corte a su hijo, como era costumbre entre los nobles visigodos, para hacer patente su reconocimiento a Pelayo, el cual en agradecimiento por la atención sobre todo por su colaboración decidió que Alfonso contrajera matrimonio con su única hija. Así lo afirma en la Crónica Albeldense…”que tomó por esposa a Ermesinda, hija de Pelayo, por iniciativa del propio Pelayo”.

Es con D. Pelayo con quien se inicia la reconquista de la Península Ibérica tras la batalla de Covadonga, pero sin duda se produce de una manera clara en el reinado de Alfonso I.


Los árabes habían dejado los peores territorios a los bereberes, los más fríos y además fronterizos con los reinos cristianos, eso produjo enfrentamientos entre los bereberes y los árabes. A partir del año 740 los bereberes abandonan esas zonas para asentarse en el sur de la Península, dejando de esta manera el territorio vacío. Esto fue aprovechado por Alfonso I quien empezó a ocupar el territorio vacío, primeramente hacía el oeste, adhiriendo para el reino el territorio de Galicia hasta la costa. Las epidemias de viruela y la fase hambruna durante el 750 favorecieron las incursiones del rey astur en territorios del Valle del Duero. Varias crónicas hablan sobre ello. La Crónica de Alfonso III nos lo cuenta: “acompañado de su hermano Fruela Pérez, llevó a cabo muchos combates contra los sarracenos y capturó muchas ciudades que éstos habían ocupado”. No perdamos de vista a este Fruela Pérez, ya que sería padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo de reyes.


De su matrimonio con Ermesinda, Alfonso tuvo tres hijos, Adosinda, Vimarano y Fruela, que fue quien le sucedió después de muerto Alfonso en el año 757. Tras haber permanecido 18 años en el poder. Sus restos mortales fueron depositados en el convento de Santa María junto a su esposa.

Las crónicas del siglo IX afirma que tras el fallecimiento del monarca , “en el silencio de la noche cerrada, y los guardias velaban con toda diligencia su cuerpo, súbitamente se oyó en el aire por todos los que velaban la voz de los ángeles que cantaban: he aquí como desaparece el justo, y nadie repara en ello; y los varones justos desaparecen, y nadie se da cuenta en su corazón. De la presencia de la iniquidad ha sido apartado el justo; en la paz estará su sepultura”. (Crónica de Alfonso III a Sebastián, capitulo 15)


Para saber más.
J. Gil Fernandez, J.L. Moralejo, J.I. Ruiz de la peña: Crónicas Asturianas. Oviedo: Universidad 1985.

P. Guichard: Los nuevos musulmanes.
Antonio Domínguez Ortiz: Historia de España. Barcelona, 1989.

J.M. Jover Zamora:Historia de España. España musulmana. Madrid: Espasa-Calpe, 1994.

J.L. Martín: Manual de historia de España. La España medieval. Madrid: 1993.

R. Menéndez Pidal: Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038) Madrid: Espasa-Calpe: 1976.

R. Menéndez Pidal: La España cristiana de los siglos VIIIal XI. El reino Astur-leonés (722-1037). Madrid: Espasa-Calpe: 1976.






domingo, 6 de noviembre de 2016

El Reino de Navarra y las vascongadas: La verdadera historia.


Lo primero que hay que decir en términos históricos, Navarra es española desde sus propios indicios como identidad política singular. La Navarra que conocemos hoy, nació entre finales del siglo VIII o principios IX, cuando nace el Reino de Pamplona, que se las verá y deseará para consolidarse, lo que logrará más tarde con el apoyo de los reyes astur-leoneses, sin olvidar que Navarra permanecerá durante 400 años bajo el dominio árabe.

El viejo Reino de Navarra se vuelve a enfrentar en pleno siglo XXI a una nueva batalla, la batalla de la historia, (últimamente los españoles somos muy aficionados a la memoria histórica). Una memoria selectiva, pues mientras se nos exige que para que los terroristas nos perdonen la vida tengamos amnesia respecto a los crímenes que han perpetrado a lo largo de las últimas décadas en plena democracia, haciendo todo lo posible para reavivar el vendaval que arrasó España hace setenta y cinco años, no en buscar concordia sino de ajuste de cuentas.

En esta nueva batalla de la historia que padece Navarra, se trata de llegar incluso más lejos. La memoria histórica de 1512, se utiliza como arma arrojadiza para tratar de ahogar el sentimiento español del pueblo navarro. Una afirmación absolutamente falaz, es la de que el Reino de Navarra fue la encarnación medieval del “Estado vasco de Euskal Herria”. Reino cuya independencia pereció, a sangre y fuego a manos de los españoles, calificando a Fernando el Católico  de genocida, falsario y de falta de escrúpulos. Señala que tres siglos antes, en 1200 el Reino de Navarra había quedado manipulado por el imperialismo castellano a manos de Alfonso VIII de Castilla, que habría rebatado por la fuerza de las armas el Señorío de Vizcaya y las provincias de Álava y Guipúzcoa. Nada de eso es cierto. El aberzalismo  miente, en primer lugar y sobre todo, porque no es cierto que el Reino de Navarra fuera la encarnación medieval del “Estado vasco Euskal Herria”.

Por otra parte, en la llamada “tierra de vascos”, situada al otro lado de los Pirineos, los territorios de Labourd y de Soule nunca formaron parte del Reino de Navarra. La llamada Basse Navarre y su integración en la corona de Navarra se produjo en 1191, por donación de Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, agradecido a su cuñado, el futuro Rey Sancho VII el Fuerte, por la ayuda que le había prestado para mantener bajo su dominio al territorio de la Guyena, que se extendía desde Hendaya hasta Burdeos y que permaneció en poder de los ingleses hasta el año 1453.

Si fuera cierto que el pueblo vasco existe desde el comienzo de los tiempos, lo lógico es que se hubiera manifestado como tal cuando los romanos llegaron a España y sobre todo cuando en el siglo VIII comienzan a emerger los primeros núcleos cristianos de resistencia frente a los invasores musulmanes. En ambas ocasiones, Euskal Herria no es que haga mutis, sino sencillamente es que no existe. No hay un pueblo vasco que tenga conciencia de sí mismo. No hay rastro del “Zazpiaz bat” (siete en uno) ni del “Laurak bat” (cuatro en uno) ni tan siquiera del “Irurak bat” (tres en uno).


Si es cierto, que durante algunos periodos de tiempo los territorios vascongados estuvieron bajo la autoridad del monarca pamplonés, pero fue tan fugaz que no dejó ninguna huella ni en sus instituciones ni en las respectivas poblaciones y, además, tampoco se produjo de manera simultánea  ni continua. Aunque no guste, la única verdad es que desde que las Vascongadas tuvieron uso de razón política, su historia se desenvuelve en Castilla o junto a Castilla, sin que se hubiera forjado ningún lazo que pudiera sugerir la existencia de una mínima conciencia colectiva de pertenecía a una única comunidad.

Dependencia de los "territorios históricos de Euskal Herria"

Estos son los datos:
Álava
·        De 1029 a 1076….47 años
·        De 1123 a 1134….11 años
·        De 1179 a 1200….21 años
Total……………….79 años.
Guipúzcoa
·        De 1014 a 1076….62 años
·        De 1123 a 1134….11 años
·        De 1179 a 1200….21 años
Total……………….94 años.
Vizcaya
·        De 1029 a 1076….47 años
·        De 1123 a 1134….11 años
Total…………….58 años.

De estos datos se desprende que Vizcaya puso punto y final a su relación con Navarra en 1134, a la muerte de Sancho III el mayor, Rey de Navarra. No fue este gran monarca pamplonés “rey de los vascos”, otra gran mentira, sino Rey de toda la España cristiana, de cuyo tronco dinástico se desgajarán los reinos de Castilla y de Aragón.

En Álava es cierto que Navarra trató de imponer en ella su autoridad en tiempos de Sancho VI el Sabio. Bajo su reinado, en 1181 se produjo la fundación de la ciudad de Vitoria. En 1200 reinando en Navarra el legendario Sancho VII el Fuerte, la Cofradía solicita la ayuda de Alfonso VIII de Castilla para librarse del dominio navarro. Los castellanos ponen sitio a Vitoria, contando con la inestimable ayuda y apoyo de Diego López de Haro, señor de Vizcaya. Por aquel entonces el rey navarro se encontraba en tierra de moros, por lo que la guarnición navarra acabó por rendirse y la ciudad quedó en manos castellanas. En 1332 los alaveses enviaron procuradores a Burgos ofreciéndole al Rey Alfonso XI el señorío sobre aquella tierra. Así se produjo la “voluntaria entrega” de Álava a la corona de Castilla, hecho que permanecerá vivo en la conciencia alavesa a lo largo del tiempo.

También en 1200, Guipúzcoa se entrego a la corona de Castilla. Mientras castellanos y vizcaínos ponían sitio a la ciudad de Victoria, los guipuzcoanos aprovecharon la oportunidad para pedir auxilio al Rey Alfonso VIII de Castilla para redimirse de la opresión de Navarra “por desafueros que, según la tradición antigua se conserva entre las gentes hasta hoy día, habían los años pasados recibido de los reyes de Navarra”. La cita es de Esteban de Garibay, historiador guipuzcoano del siglo XVI. El rey aceptó la “voluntaria entrega” de la provincia, que quedó incorporada desde entonces a la corona castellana.

Los actuales revisionistas de la memoria histórica niegan esa voluntad de la entrega o incorporación de Álava y Guipúzcoa a Castilla. Pero es lo cierto y es lo que vale, so pena de que convirtamos a los vascongados de aquella época como traidores a su patria o cobardes por plegarse al poder castellano, algo que no encaja en un pueblo indómito que pelea por su libertad. Lo único cierto es que los vascongados se sentían castellanos y por ende españoles.

Además presumían de ser los hispanos mas originarios, los más antiguos y puros de los habitantes de la península ibérica. Y con semejante honor participarán en todas las empresas exteriores de la monarquía española.

En 1516, muerto el rey Fernando, su nieto Carlos, el futuro emperador, se convertirá en rey de Navarra con el titulo de Carlos IV, después de añadir al juramento foral el compromiso de mantenerla como reino de por sí. Carlos de Habsburgo se ciñe las coronas de Castilla, de Aragón y de Navarra, por lo que ha de reconocerle como el auténtico fundador de la monarquía española.

Vamos abordar el papel de que jugaron los vascos de la época en todo este proceso. Hay que destacar lo primero, es que el ejército del Duque de Alba el grueso de sus tropas estaba compuesto por soldados alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos. Entre los diez o doce mil hombres que entraron en Navarra, marchaban 3.000 alaveses al mando del diputado general Diego Martínez de Álava, 2.500 a 3.000 guipuzcoanos y 2.000 vizcainos.

En el otoño de 1512, los reyes Juan y Catalina trataron de recuperar el reino de Navarra con el auxilio de los franceses. Un ejército francés consiguió llegar a Pamplona, donde se había encerrado el Duque de Alba. El asedio fue un autentico fracaso y los franceses se batieron en retirada. Un contingente de 3.000 -mercenarios al servicio de los franceses-, fue atacado en el puerto Valete por milicias guipuzcoanas y vizcaínas, al grito de “¡Santiago, España!”. En su derrota, los franceses perdieron doce piezas de artillería de gran calibre y de un valor artístico increíble. Las autoridades guipuzcoanas solicitaron a la reina Doña Juana que les permitieran grabar los doce cañones en el escudo de armas de la provincia, la reina adepto complacida. Y en el permanecieron hasta que en 1979 las Juntas Generales de Guipúzcoa acordaron eliminarlos del escudo por considerar que su mantenimiento implicaba un gesto inamistoso hacía Navarra, como si hubieran los navarros los masacrados en Valete. Su intención no era otra que la de tratar de borrar las huellas de la historia para ocultar la plena y secular identificación de los guipuzcoanos con la corona castellana y después con la monarquía española.

Es bueno recordar, porque las nuevas generaciones vascas lo desconocen por completo, que Ignacio de Loyola, patrón de Guipúzcoa y de Vizcaya, cayó herido en Pamplona defendiendo la pertenencia del reino de Navarra a la corona española.

EL CASTILLO DE MAYA.
SIMBOLO DE LA RESISTENCIA NAVARRA
El último enfrentamiento franco-español por causa de Navarra fue la toma del castillo de Maya, al que ahora llaman Amaiur. Los franceses se habían apoderado en Octubre de 1521 de esta fortaleza baztanesa, en la frontera con Francia, así como Fuenterrabía. En Maya dejaron una guarnición de 200 caballeros de la facción agramontesa. Privados de toda posibilidad de recibir avituallamiento al estar en territorio español, los del castillo recurrieron al pillaje para sobrevivir. Los lugareños cansados de sus tropelías pidieron al virrey, conde de Miranda, que pusiera fin a esta pesadilla. En julio de 1522 se dispuso el envío al Baztán de una fuerza militar compuesta fundamentalmente de tropas navarras al mando de Luis Beaumont. También acudieron soldados guipuzcoanos. El 17 de julio las tropas reales tomaron posición frente al castillo. El 18 de julio se inició el ataque que fue rechazado por los sitiados. Pero al día siguiente, 19 de julio, se rindieron.
Ahora algunos pretenden reescribir la historia. Pero la desfachatez del aberzalismo no tiene límites cuando trata de sacar rédito político de los sucesos de 1512 para justificar la integración de Navarra en Euskal Herria. La utilización del nombre de Amaiur para una coalición aberzale en las elecciones generales de 2011 es una obscenidad política. Los defensores de Maya eran agramonteses y se habían batido contra las tropas castellanas compuestas en su mayoría por soldados vascongados. Que al pie del monolito que recuerda aquel episodio histórico se leyera un manifiesto en pro de la independencia de Navarra por parte de quienes pretenden uncirla al carro de una Euskal Herria inexistente, arrogándose asimismo la representación de los defensores de la fortaleza, es una afrenta a su memoria. Si fuera cierto que Navarra hubiera perdido en 1512 su soberanía nacional, concepto anacrónico en aquella época, la habría sido fundamentalmente gracias al esfuerzo castellano de los vascos de la época.
Dicho esto debemos reivindicar la memoria de aquellos soldados vascongados por haber contribuido a la inserción de Navarra en el conjunto español.

Homenaje a los defensores del castillo de Maya

Si la dinastía destronada hubiera conseguido mantenerse en el concierto europeo como un estado independiente, la perspectiva de lograr lo que el argot aberzale se denomina “unidad territorial de Euskal Herria” sería una entelequia, pues para conseguirla el Pais Vasco tendría que separarse de España para integrarse en el que ahora sería el “Estado soberano Navarro”. Así que los vínculos de fraternidad se derivan del hecho de pertenecer a la nación española. 

Al cabo del tiempo se ha producido otro hecho singular. En 1700, los Borbones acceden al trono de España. Tal vez la circunstancia de que Felipe V fuera descendiente de los reyes destronados en 1512 seria determinante para que Navarra se apartara de la causa del Archiduque Carlos de Austria. Sea lo que fuere, lo que probablemente no estaba escrito en el guión de la historia es que quinientos años después de su destronamiento, al ser Navarra parte integrante de la nación española, reinó en ella Juan Carlos I de Borbón, descendiente por línea directa de los reyes Juan y Catalina de Albert, lo mismo que el actual rey Felipe VI, pasando a su hija Leonor como heredera al trono de España los títulos de:  
Princesa de Asturias; Princesa de Gerona, Duquesa de Montblanch, Condesa de Cervera y Señora de Balaguer; Princesa de Viana como heredera del Reino de Navarra. Paradojas de la historia.

jueves, 8 de septiembre de 2016

La Reconquista. D. Pelayo (III): La encainada



Aclaremos una cosa: es absurdo pretender que los astures se hubieran mantenido al margen de los movimientos que vivió Hispania desde la época romana. 
Los astures como los cántabros eran un pueblo de origen céltico, indoeuropeo, en todo caso mezclado con los autóctonos, cuya identidad no conocemos bien.


Sabemos que los astures como los cántabros y vascones no fueron particularmente proclives a dejar su independencia ni libertad, pero sabemos también que conocieron cierto nivel de romanización, primario desde luego, porque el territorio era más áspero, pero romanización al fin y al cabo. Del mismo modo, sabemos (porque hay vestigios arqueológicos suficientes) que no dejo de haber movimientos de población desde el norte de la Cordillera Cantábrica hacia el sur, desde fecha muy antigua.

Cuando el caos se adueña de Roma, vuelven afianzarse entre los astures y cántabros una organización Tipo Tribal ya que nunca había llegado a desaparecer. En Asturias por lo que sabemos, habrá áreas controladas por la aristocracia hispanogoda, sobre todo en las llanuras, al lado de extensas zonas donde el dominio corresponde a los clanes tribales de las montañas.

¿Porque se levantaron aquellos astures, junto a Pelayo, contra el poder moro? Todo apunta a que la causa de la sublevación fue la exigencia mora de que los asturianos tributaran con impuestos y rehenes. Si además el recaudador era visiblemente extranjero, las razones de rebeldía aumentaba.

Apunte orográfico

Naranjo de Bulnes (Picu Urriellu)

La historia de D. Pelayo y la monarquía por el fundada, sería difícil de comprender, si no esta precedida de la descripción detallada del territorio sobre el que se asentó el solar del reino.

Este territorio es una fortaleza natural, pero vamos a permitir que sea el escritor montañés  Amós de Escalante, quien nos haga una visión panorámica de los Picos de Europa.

“Desde los mas lejanos valles, se descubre el coloso, magnifico como siempre, ya fulgurando a mediodía con el vivo centelleo de sus nieves eternas, ya recortando sobre rojos celajes del ocaso, el contorno fantástico de sus excelsas cumbres, visión augusta que se deja admirar, pero no se deja definir” Amós Escalante dice algo para comprender la gran importancia de estas singulares montañas. Asturianos y montañeses, habitantes de los valles tendidos en torno del impenetrable gigante. Aquellas montañas se encontraban habitadas desde antiguo y sin embargo “inexplorados estaban los torcidos desfiladeros y levantados los picos, desmesuradas labores de aquella gigantesca corona sobre el cual el cielo deja caer un velo de nubes que la rebozan y esconden, celoso de conservar su augusto prestigio al Titan que la ciñe”.

La encainada

Amós Escalante nos acaba de describir “La encainada” la niebla de los Picos de Europa, que se abalanza sobre las montañas y las hace desaparecer de la vista humana como si jamás hubiera existido. “La encainada” es tal vez el peligro mas serio que acecha en los Picos, y como muchas veces baja de repente, ni los mas expertos ni conocedores del terreno se atreven a continuar si los ha cogido por el camino, la única solución es esperar a que levante.

Los fenómenos atmosféricos son fundamentales en los Picos de Europa y quienes no lo tengan en cuenta o los ignoren, corren el peligro de padecer una catástrofe, como la que diezmó a los moros que atacaron las huestes de D. Pelayo.


Los habitantes de aquella época eran hombres duros y aguerridos, Alejandro Pidal llamaba a los habitantes de Caín, la aldea mas metida hacia el corazón de los Picos, los “hombres-gamuza” hombres que se enfrentan a la muerte con estoicismo.

Este es el mismo paisaje que vio D. Pelayo cuando se adentro por primera vez en los Picos de Europa. Los habitantes escucharon a D. Pelayo, ya que les ponía en guardia de un ejercito de gente extranjera.

No solo los astures reaccionaron así: en Cantabria, el Duque Pedro, un noble hispanogodo, apoya a D. Pelayo y secunda la sublevación. Por eso D. Pelayo se hizo fuerte en Covadonga, en el área oriental de los Picos de Europa, junto a las montañas cántabras, y no en otra zona de la cordillera.


Asturias, 722 A.D. Un puñado de nuestros antepasados se encuentra dueño de un territorio al que dar forma. Unos son terratenientes de origen godo, otros son montañeses que comparecen con sus clanes y sus familias. Desde el principio, o quizás con el tiempo, todos se reconocieron en la Cruz y en la oposición al poder islámico. Todos se unieron para luchar por su libertad y recuperar la España robada por el Islam. Así empezó la mas portentosa aventura de la Reconquista.



Para saber mas:

- Costas y montañas. Amós Escalante y Prieto. Publicado en 1871. Editorial Madrid: Tello
Origenes de la Nación Española. El Reino Astur. Claudio Sánchez Albornoz. Editorial: Sarpe. Madrid, (1985)
- D. Pelayo. El Rey de las montañas. José Ignacio Gracia Noriega. Editorial: la esfera de los libros. 2007.
-La Leyenda de D. Pelayo. Carlos Villanueva Polo. De la edición: El autor. 2015.
-Los astures y Roma. José María Blázquez. Real Academia de la Historia. Biblioteca Miguel de Cervantes, 2005



martes, 17 de mayo de 2016

Don Pelayo (II): Covadonga

La Reconquista. D. Pelayo 2ª parte. Covadonga


              



¿Qué paso en Covadonga? Vamos a reconstruirlo sin temor a faltar a la verdad. Los rebeldes cristianos, efectivamente eran pocos y mal armados, pero fuertes en un terreno que conocían, cuando fueron atacados por los musulmanes. Estos, tal vez, habrían podido ganar si se hubieran limitado a un asedio para matar de hambre a los rebeldes. Pero, llevados por el desprecio que sentían por aquellos “asnos salvajes” cometieron el error de atacar. Un error, si, porque mover ejércitos por un pasaje desconocido y montañoso sin conocerlo, es arriesgarse al colapso. 


           

La leyenda de que las flechas moras, al llegar donde estaban los cristianos daban la vuelta y volvían sobre sus atacantes, admite una explicación lógica: cuando se lanza una flecha hacía arriba, es difícil mantener la puntería, eso sin contar que las flechas rebotando en la piedra, volvieran a caer por pura lógica de la ley de gravedad. Y todo indica que un ejército así, desconcertado, atacado desde lo alto por piedras y flechas, incapaz de responder y de moverse, muy bien pudo ser desarbolado por la carga de unos pocos hombres decididos y que actuaran sobre un punto, como dice la tradición que hizo Pelayo.

                            

La gran derrota de los musulmanes, llego sin embargo mas tarde. Con las filas desordenadas. Se retiraron como pudieron por los macizos de los Picos de Europa, que desconocían, exponiéndose a todo tipo de emboscadas. Atrapados en una montaña sin salida, anegados por los ríos, acosados en todos los flancos por los rebeldes montañeses, el orgulloso cuerpo de expedicionarios de Al Qama termino aniquilado por los “asnos salvajes”, por los rebeldes cristianos.

                       

Ya fuera una batalla campal como dicen las crónicas cristianas o una violenta escaramuza como sostienen las crónicas moras, lo cierto es que Covadonga señalo el punto de partida de la Reconquista. Allí los moros perdieron por primera vez, allí los rebeldes cristianos ganaron por primera vez.

Después de Covadonga, poco a poco iba a ir formándose una España que ya no era la Hispania romana ni la España visigoda, sino una hija de ambas que para sobrevivir, iba a tener enfrentarse a un enemigo superior.

             


Los cristianos ganaron. Los moros pusieron pies en polvorosa. El triunfo de Pelayo hizo que otros muchos de la cornisa Cantábrica, se sumaran a la rebelión. Para los musulmanes se abría en el norte un paisaje poco alentador. Así pudo consolidarse la precaria corona de Pelayo en un tiempo que el trono de Pelayo solo era una silla de montar.

                     

¿Qué había en aquella Asturias del año 722? Cuestión de cuestiones. Sabemos que la Reconquista empieza en Asturias, fue allí donde se forma un primer núcleo político de resistencia al islam; pero ¿Que había en exactamente en Asturias en aquel momento? ¿Quiénes eran aquellos rebeldes cristianos? ¿Por qué exactamente en Asturias y no en otro lugar? ¿En nombre de que se levantaron contra los moros? ¿Qué hacían mientras tanto, los vecinos cántabros y gallegos?  Todas estas preguntas tienen interés porque nos sitúan en el meollo mismo de lo que podríamos llamar el “problema histórico”.

La versión, digamos “tradicionalista” es una distorsión del pasado con conceptos presentes. En fechas más recientes, hay otras versiones cada vez más descabelladas. Por ejemplo, hay quien ha extendido la especie de que Asturias era una suerte de vestigio prerrománico, independiente de la España goda. En la misma onda fantástica, se ha ventilado la idea de que Pelayo no era un guerrero hispanogodo, sino un caudillo astur e incluso para forzar la máquina de la imaginación un musulmán de Cordoba y hasta incluso un caballero céltico de Britonia.

¿Fantasía, mala fe, ignorancia manipulación política? Tal vez de todo un poco. La verdad es que de aquella Asturias y de Pelayo sabemos lo que dicen las crónicas. Ahora bien eso no nos autoriza a inventar hoy explicaciones más fantásticas todavía. Pelayo fue el fundador de la Reconquista.

Todos estos aspectos son fundamentales para comprender y situar en el contexto histórico la leyenda del rey Astur y el comienzo de la Reconquista; los trataré en profundidad en mis siguientes post.

Posdata: No hace mucho he visto algunos blogs que no indagan la verdad. Pelayo nunca pudo pelear con Abderramán, ya que cuando este llego a España en el año 756, Pelayo ya había fallecido en el año 737.


martes, 5 de abril de 2016

Don Pelayo (I): Historia, leyenda y mito.

La Reconquista: Las Crónicas y D. Pelayo


¿Quién era Don Pelayo? Lo que sabemos sobre él es lo que las crónicas nos han legado. Así que vamos a detallar cuáles son: Por un lado, tenemos las crónicas cristianas: las tres de Alfonso III –la Albeldense, la Rotense y la Sebastianense u Ovetense, escritas a finales del siglo IX, prolongadas siglos más tarde por las crónicas Najerense y Tudense (Lucas de Tuy). Por otro lado tenemos las crónicas árabes: La Fath Al Ándalus, del siglo XII y la posterior de Al Maqqari. Son estos textos los que reconstruyen los hechos ocurridos tiempo atrás y lo hacen con una finalidad que nada tiene que ver con los criterios de la historia moderna.

¿Cuál es el origen de D. Pelayo? La Crónica Albeldense lo hace noble godo. El testamento de Alfonso III, del año 869, vincula territorialmente a D. Pelayo con el área central de Asturias. Recientes investigaciones arqueológicas, sugieren que antes de convertirse en el primer monarca astur, podría haber sido cabecilla de una organización política local. Estas crónicas, si declaran que D. Pelayo era hijo del duque Favila y descendiente de los reyes Chindasvinto y Rencesvinto.

Estas informaciones proporcionadas por las crónicas tanto árabes como cristianas vinculan estrechamente a Pelayo con Asturias, según el testamento de Alfonso III, D. Pelayo tenía tierras en Tiñana (Siero) y Bres (Piloña). Asimismo Al Maqqari como Ibn Jaldún, atribuyen a D. Pelayo origen asturiano y el primero de ellos al describir la batalla de Covadonga lo califica de “asno salvaje”. 

Otros cronistas musulmanes como Ibn Al-Akir, relata cómo Muza ataca al enemigo robando, matando destruyendo y violando. O Al-Nuwairi hace referencia a un lugar denominado, la Roca de Pelayo, conquistada por Muza en los años 712-714 y que los historiadores identifican con el Cerro de Santa Catalina en Gegio (Gijón). 

Manuscrito de la Crónica Najerense.


La Crónica Najerense, señala a D. Pelayo con un pasado nobiliario. En el siglo XIII Lucas de Tuy nos amplía la información, asegurando que Pelayo era nieto del monarca Chindasvisto e hijo de Favila, por lo tanto D. Rodrigo era primo de D. Pelayo, ya que Teodofredo era hermano del padre de D. Pelayo.

Gracia Noriega compara a D. Pelayo con el rey Arturo. Son dos reyes fundadores de dos monarquías que luego serán constitutivas del mundo moderno: España e Inglaterra. Arturo es un rey casi por completo legendario, mientras que D. Pelayo es un personaje histórico con aspectos legendarios. Sin embargo hay una amplísima literatura y muy buena sobre el rey Arturo y muy escasa y de andar por casa, aparte de mala, sobre Don Pelayo.

                     Covadonga
Faustino Menéndez-Pidal, miembro de la Real Academia de la Historia, dice: D. Pelayo es una figura histórica y también mítica porque en su tiempo no tenía el valor que después logro. Mítico no quiere decir que algo sea falso.   (Mito, acepción 3)


El catedrático emérito de la Universidad de Salamanca, Manuel Fernández, subraya:    “los visigodos son derrotados en Guadalete sin el apoyo de la población”. Sólo esta falta de apoyo explica una derrota tal fulminante. No es el pueblo sino la cúpula militar visigoda la que es vencida. En el caso de D. Pelayo es al revés, es la población la que vence a la cúpula militar árabe. Los astures están al lado del grupo de D. Pelayo y ahí empieza la línea de continuidad real de la España cristiana y medieval. Ahí es donde se conjuntan y fusionan los dos pueblos, la élite militar y aristocrática visigoda y el pueblo, en este caso el pueblo asturiano. Covadonga no es falsedad o espejismo, es la unión desinteresada de militar y pueblo.

Ante esto los musulmanes lanzaron una lluvia 
de flechas contra la pequeña resistencia 
del pueblo asturiano, que se protegió en la cueva.
Covadonga

El territorio asturiano, a pesar de haber sido conquistado por romanos y visigodos, había sabido resistir al yugo del poder extranjero. “Asturias nunca había estado sometida ni a Roma ni al mundo visigodo, tampoco lo iba a estar a los árabes: Conquistar un territorio es fácil, pero de ahí a dominarlo existe un abismo” son palabras de Javier Fernández Conde, catedrático de Historia Medieval.

Un hecho a destacar, es la transmisión del poder en el seno de la monarquía asturiana es llevada a cabo siguiendo las reglas de origen local, residuos de una anterior estructura matriarcal: así, la mujer a menudo transmitía derechos hereditarios al marido, como sucede en los casos de los reyes Alfonso I y Silo, que acceden al poder gracias a sus esposas Emersida y Adosinda, ambas de la familia de D. Pelayo. Sólo en época posterior, a partir de Ramiro I deAsturias, se impone definitivamente la sucesión por línea patrilineal.

Don Pelayo. Batalla de Covadonga

Para saber más:

  • Origenes de la nación española. Estudios críticos sobre la historia del Reino de Asturias: Claudio Sánchez Albornoz. Publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas entre 1974 y 1975. La libertad humana en el reino Asturleonés: del mismo historiador publicada por Espasa-Calpe en 1978.


  • Revista “Territorio, Sociedad y poder” editada por Trea y la Universidad de Oviedo. Avalan los investigadores, Avelino Gutiérrez, Lorenzo Arias y Margarita Fernández Mier, dirigidos por el Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Oviedo, Javier Fernández Conde.